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RESPONSABILIDAD DE INVESTIGADORES Y COMUNICADORES EN LA DIVULGACIÓN DE RESULTADOS CIENTÍFICOS


Antes de comenzar la lectura de este artículo, invitamos a Ud. Sr. lector a reflexionar si: ¿consultó sobre alguna dolencia o enfermedad, ya sea suya, de un familiar o conocido, en los buscadores web? Cuando consultó, ¿lo hizo en sitios web reconocidos médicamente? ¿cotejó los datos o las dudas que le surgieron con su médico de cabecera? ¿suele leer artículos de divulgación científica o noticias en los medios de comunicación e identificar cuán confiable es la fuente? Si reconoce alguna situación como propia, este artículo es para Ud.

Hace unos años, en un artículo científico del Dr. Izcovich y colaboradores, se preguntaron ¿Cuán confiable es la información médica proporcionada por los medios de comunicación en Ar­gentina? (Revista Medicina Bs As, página 71-75, 2016). Ellos concluyen que la misma es poco confiable y esto puede tener un impacto negativo en el sistema de salud y en la relación de los médicos con sus pacientes. Estos hallazgos están en línea con otros publicados en diversas áreas y tienen hoy plena vigencia.


Periodistas, divulgación y sociedad

La comunicación de información científica a la sociedad es una responsabilidad social. Suelen ser los periodistas especializados quienes informan a la comunidad las novedades (en términos periodísticos, esto se denomina noticia). La divulgación científica, en cambio, intenta acercar al público el conocimiento y el mundo de la ciencia y, por lo tanto, es de carácter eminentemente educa­tivo. Ejemplos bien conocidos de divulgadores son Carl Sagan (1934-1996), Isaac Asimov (1920-1992), Arthur Clarke (1917-2008), Leonardo Moledo (1947-2014) y Diego Golombek (1964- ), entre otros. Ellos concibieron a la divulgación científica como una forma de arte con un contenido estético esmeradamen­te pulimentado.

Los periodistas están preparados para traducir el lenguaje de la ciencia en forma clara y sen­cilla y sin perder veracidad. El informe periodístico científico tiene pautas bien establecidas. La infor­mación debe tener exactitud, veracidad, fluidez, claridad, brevedad, facilidad de comprensión, unicidad, coherencia de relato y vivacidad. Asimismo, es realmente un arte y un ejercicio de honestidad explicar a legos palabras comunes de la jerga médico-científica tales como significativo, consistente, potencial, sugiere, preliminar, abre la puerta a, etc.


¿Cuáles son las fuentes que pueden utilizar los periodistas que se dedican a las ciencias de la salud para hacer sus notas?

De hecho, los estudios publicados en revistas médicas prestigiosas y con revisores calificados son las más confiables. Esto es real, aun conociendo que no están exentos de distorsiones de diversa índole entre las que se encuentran las debidas a conflictos de interés.

Es necesario profundizar los lazos de la ciencia con la sociedad y generar entusiasmo popular sobre ella. Con el mismo énfasis se debería denostar la puerilidad y peligrosidad de las pseudociencias, la superstición y el fundamentalismo religioso que habla en nombre de la ciencia. Esto también constituye una responsabilidad social tanto de quienes difunden novedades como de quienes se dedican a la di­vulgación científica en general.


Investigadores, divulgación y sociedad

Por una cuestión ética, los investigadores están obligados a difundir los resultados de sus investiga­ciones. Su divulgación constituye una etapa crucial en la que se comparten las novedades. La hacen en congresos y culmina con la publicación de artículos originales en revistas científicas. Pero los in­vestigadores no siempre comunican sus hallazgos con honestidad intelectual. Es hora de decirlo: hay investigadores inescrupulosos que falsean sus resultados y tienen una tendencia hacia la exageración de las bondades de sus hallazgos. No pocas veces publican sus experiencias en medios no especializa­dos, quizá motivados por el afán de reconocimiento social y lucro. De manera que es posible incurrir en conductas inapropiadas, tanto si se realiza a través de medios masivos o en órganos especializados (para ver ejemplos: Revista Medicina Bs As, página 112-114, 2016).

Para decirlo claramente: Si los investigadores dieran a conocer sus experiencias a los medios de comunicación solo después de haberlas publicado en revistas especializadas y si los todos los periodistas cotejaran en esas revistas lo declarado por sus entrevistados, el impacto negativo en el sistema de salud y en la relación de los médicos con sus pacientes podría ser menor.

La moral que alguna vez dio sentido a la vida de muchos médicos y periodistas, basada en el deseo de conocer, de ayudar y de comunicar la verdad y hasta de pelear por ella, parece una quimera. Son ellas hermosas profesiones y merecen ser amadas, siempre que se sea honesto. Sin embargo –digámoslo de una vez-, hasta que se descubra a los impostores, a los mentirosos y a quienes denigran la profesión, ellos disfrutarán de la impunidad de la falta de regulaciones legales para evitar estos abusos y de la mala memoria de la sociedad.

En un mundo exquisitamente dependiente de las ciencias y la tecnología, es alarmante la falta de educación científica de la sociedad. Un público preparado, atento, educado, difícil, auténticamente culto, se resistirá a las maniobras del manipulador. De ahí la importancia de la cultura, de ahí la importancia de la conciencia crítica de la sociedad.


Prof. Dr. Eduardo Luis De Vito, MD, PhD

Instituto de Investigaciones Médicas Alfredo Lanari, UBA.

Centro del Parque, Cuidados Respiratorios.

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