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¿Cómo sería la cura del VIH?


Desde su descubrimiento, la búsqueda de un tratamiento efectivo y cura para la infección

por VIH (virus de la inmunodeficiencia humana) fue prioridad para la Salud Pública. Actualmente viven 37 millones de personas infectadas con el virus en todo el mundo y aproximadamente 2 millones de nuevas infecciones se producen al año (Boletín ONUSIDA 2017).

Durante los primeros años de la epidemia, recibir un diagnóstico de la infección por VIH

suponía prácticamente una sentencia de muerte. Sin embargo, luego de cuatro décadas de

investigación, ésta se ha convertido en una condición crónica, clínicamente manejable. Dicho cambio se ha logrado con la implementación de un tratamiento antiviral (denominado TARV) que mantiene bajo control al virus, pero no logra erradicarlo debido a que el mismo puede incorporar su material genético al de las células humanas. Algunas de estas células se convierten en un perfecto escondite donde el VIH evita ser detectado por el sistema inmune y permanece fuera del alcance del TARV. Se conoce a estas células con el nombre de reservorio viral y son la principal barrera para encontrar una cura a la infección por VIH.

A pesar de esta dificultad, en el año 2008 se logró por primera vez curar a una persona infectada, el señor Timothy Brown, hoy conocido como el “paciente Berlín”. ¿Cómo se logró?

Timothy se encontraba bajo tratamiento para su infección por VIH y se le diagnosticó leucemia. Al no responder a los tratamientos oncológicos, se le debió realizar un trasplante de médula ósea.

Para poder recibir las células del donante debió someterse a una fuerte quimioterapia que mata casi todas las células del cáncer, pero también a la gran mayoría de las células de su sistema inmune. Como el reservorio del VIH está constituido principalmente por células del sistema inmune, al recibir la quimioterapia se atacó el principal escondite del virus. Pero eso no es todo, Timothy recibió un trasplante de un donante particular, que tenía en su genoma una mutación que elimina una de las posibles puertas de entrada del virus a las células. Poder matar las células del paciente que estaban infectadas y su reemplazo por células que presentan un grado de resistencia a la entrada del virus resultó ser una combinación ideal para arribar a la cura de Timothy. Un caso muy similar se reportó recientemente (¡más de una década después!) y se conoce como el “paciente Londres”.

¿Por qué no trasplantar entonces a todas las personas portadoras del VIH? Porque un trasplante de médula es una intervención con una tasa de sobrevida muy baja, que requiere hallar donantes que sean compatibles con el paciente. Pero además, en este caso para poder eliminar el VIH, el donante debería poseer la mutación que ya mencionamos que solamente se puede encontrar en menos del 1% de la población mundial. Así, la probabilidad de acceder a las mismas condiciones a las que se sometieron los pacientes Berlín y Londres es extremadamente baja. De hecho, tan difícil resultó poder repetir estos resultados que debieron pasar más de diez años para que otra persona, además de Timothy, esté cerca de ser declarada curada a principios de 2019.

Frente a este escenario, y a pesar que las investigaciones para encontrar una cura no cesan, hoy en día el tratamiento antiviral y la prevención son las mejores herramientas con las que contamos. Sin embargo, éstas no llegan siempre a toda la población. Hoy se estima que 1 de cada 4 personas que conviven con el VIH desconocen su condición, acotando cualquier medida para combatir la epidemia. Si pudiéramos revertir esto, logrando que el 90% de las personas infectadas estén diagnosticadas, el 90% de las personas diagnosticadas reciban tratamiento y en el 90% de éstas se logre controlar la infección, la epidemia podría controlarse en los próximos 10 años.

Diagnosticarse y tratarse no deben ser solamente actos de la esfera personal, sino parte de una estrategia de salud pública a nivel mundial a la que todos debemos sumarnos para controlar el avance de la epidemia.


Agradezco los invaluables aportes de la Dra. Gabriela Turk, la Dra. Natalia Laufer, y el Prof.

Dr. Manuel Gómez Carillo.


Lic. Trifone César Ariel

trifonecesar@gmail.com

Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y SIDA

UBA-CONICET.

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